GallinaHuevosOro.jpg2.5 Zapatero, a tus zapatos!.

El origen de este dicho está en el pintor real de Filipo II de Macedonia, Apeles, que se encargaba de los retratos particulares de Alejandro Magno, el cual exponía sus obras al público, ya que ese era el mejor juez que se podía encontrar. Gracias a esto, Apeles podía mejorar sus pinturas, y un día al pasar un zapatero delante de una de sus obras, este se dio cuenta de que en una sandalia que Apeles pintó, faltaba uno de los agujeros por donde se pasaban los cordones para abrocharlas. Pasado un día, el zapatero volvio a pasar por delante del taller de Apeles, y al ver que este corrigió el error que había criticado el día anterior, criticó la pierna de la pintura. Entonces, Apeles salió de donde se escondía y le dijó al zapatero que no juzgara más alla de la sandalia (refiriendose a su oficio). En esa época, esto llegó a calar como proverbio. Esta misma costumbre de espiar las reacciones del público la tenía mucho más atras, Fidias, a la hora de hacer sus esculturas, que se escondia tras los pórticos para escuchar las críticas de la gente.
Esta anécdota de Apeles, llegó a España por via romana o de los árabes, fue recogida y adaptada a tema literario por don Juan Manuel (1282-1348). Tenía un objetivo didactico-moral. Es la situación, en la que un caballero de Perpiñan, creó una cantiga que le resultó ser beneficiosa, pero un día, pasó por el lado de un zapatero, y éste estaba cantándola, pero mal. El caballero al verse deshonrado, fue al taller del zapatero y le rompió todos los zapatos. Ellos dos, se someten a la justicia impartida por el rey, que hizo que el zapatero y el caballero se disculparan, y se compensara al zapatero por las pérdidas. En esto don Juan Manuel se refería a que toda obra, séa del tipo que séa, merece un respeto, ya que todas necesitan de esfuerzo para crearse.
El argumento de esta historia de don Juan Manuel fue utilizado por Franco Sacchetti (1330-1400), en uno de sus "Trescientos cuentos"con Dante como protagonista, que criticó a un herrero por el hecho de cantar al ritmo con el que golpeaba el yunque en el que trabajaba, haciendo entender que no se concentraba en su trabajo.
El "¡Zapatero a tus zapatos!", es un cambio morfológico, que viene de estas anécdotas, sirve como excusa para decir a alguien que se concentre en lo que tenga que hacer y no se meta en el trabajo ajeno.